Con mis dos horas libres, (porque tenia clase a las diez), me fui a la cafeteria y me compre un café, me senté y me puse a observar a la gente, mientras pensaba en mi abuelo.
Era un hombre muy respetable, siempre recto, y su voz era muy tranquilizadora, y le encantaba abrir la boca para contar fantasticas historias, que presumia haber vivido. De entre todas ellas me cautivó una hacerca de una mistica espada.
Si no fuera porque mi abuelo me enseñó a usar la espada, no le hubiera creido nada de lo que me dijo.
Por otro lado, tambien mi abuelo me recomendo estudiar.
De pronto, en el patio se oyen las voces de unas chicas. Hubiera seguido pensando en mi abuelo, pero crei reconocer la voz de aquella que me gusta.......